UN VIAJE HACIA LA NOCHE

(Cuentívolo)

LUIS OSSA GAJARDO

La canoa avanzaba ágilmente sobre las gélidas aguas del canal, el astro de la vida reflejaba en los escasos cirrus de la tarde los tintes asombrosos que van desde el amarillo tenue a las tonalidades del rosáceo intenso, anunciando que entregaba las últimas caricias sobre la piel de Usushak y su hijo Yakamsua. Al silencio majestuoso reinante del desolado paraje se agregarían una hora más tarde los profundos senos de la oscuridad. Nuevamente la noche se presentaba para reinar en el austro donde la geografía se quiebra en silencio y soledad. Una noche larga e inmutable donde el viento indómito azota de siglo en siglo su furia interminable con su aljaba repleta de flechas hirientes. El joven nativo lleno de entusiasmo bogaba junto a su padre, con energía y un ritmo que denotaba todo el temple de espíritu en su cuerpo, brillante y musculoso. Van de caza a las desmembradas y húmedas tierras de Shekernar donde abundan los zorros plateados, veloces avestruces, esbeltos guanacos y gráciles chulengos. Cuero y carne constituyen los elementos esenciales para los miembros de la tribu. El cuero, utilizado para sus rústicas chozas sostenidas por varas de robles, y rígidos cueros, siempre necesario para la renovación de los toldos y el abrigo de los cuerpos, la carne, para el festín y la energía de los músculos siempre en constante movimiento soportando estoicos la cruda estación invernal en las húmedas tierras australes –Padre escucho un silbo extraño y agudo- exclamó Yakamsua. El viejo Usushak reflejaba en su impávido rostro la sabia serenidad que otorgan los años- algún búho alegra con su canto la monotonía de la noche- respondió con su voz recia y altiva el vigoroso selknam para tranquilizar al muchacho. -Padre, conozco el jubiloso canto del búho después de coger su presa- mientras un resplandor fosfórico emanaba de sus redondos y atemorizados ojos. De pronto, una extraña y portentosa voz resuena, desde la ribera entre el duro follaje de calafates, lenga, ñires, coihues y canelos: - ¡Descubríos, soy la noche!- En mi oscuro seno reposan los espíritus valientes de vuestra tribu. Una lucha ardiente entre la curiosidad y el temor sobrecogió a los nativos.- ¡Tranquilizaos! sólo vengo a recordaros que en mi reino no sólo cabe el reposo de vuestros fatigados cuerpos, sino, además, hay lugar para una mirada intensa al rostro de vuestras propias conciencias… escribid este mensaje para el hombre blanco que buscará vuestro exterminio, escribidlo sobre la extensa pradera de verdes coironales, en la copa de los frondosos calafates y en las nieves eternas de los confines de la tierra.

Sobre los límpidos cielos la Cruz del Sur indicaba la ruta a los hombres de la Patagonia, en la bóveda celeste rutilaban las estrellas.

Un rojizo resplandor anunciaba una nueva aurora sobre los canales del sur, mientras la canoa era impulsada jubilosamente sobre las azules y gélidas aguas del austro. En la frágil canoa, oíanse los pájaros que desde el follaje de la ribera del canal elevaban sus trinos gloriosos al Creador Y un albatros mecía sus enormes alas en las alturas.

Quilpué, 29 de agosto de 2006.

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