VIAJE FINAL

Cuento por
Sylvia Neira
Sofía despertó sobresaltada. Así pasó toda la noche, inquieta, sintiendo extrañas sensaciones, debe ser la excursión, pensó, debo estar lista en media hora.
Llegó corriendo, justo cuando el bus ya partía con el grupo de turistas que visitarían El Valle de los Reyes, lugar donde estaban las tumbas de los numerosos faraones que gobernaron el antiguo Egipto. Su emoción era grande, hacía años que quería hacer este viaje y, después de mucho batallar, lo había logrado.
Como profesora de Historia, con apasionamiento les contó a sus estudiantes estas maravillas que el tiempo guardaba para que los turistas pudieran admirar en el presente. Ahora por fin ella estaría al frente de esos monumentos. La emoción casi no la dejaba respirar.
Las tumbas estaban empotradas en la montaña. Para visitarlas había que entrar y descender hasta el lugar donde habría estado el sarcófago con los restos del faraón. En el descenso se podían ver los dibujos y los jeroglíficos que llenaban las paredes, Cada una de estas imágenes representaba la vida y las costumbres del pueblo egipcio. Sofía y el resto de los visitantes bajaban con gran recogimiento, era como sentir la presencia de los antiguos en el ambiente; cierta energía parecía envolverlos, se movían con lentitud, como temiendo incomodar a quienes los rodeaban a través de los siglos de historia. Sofía miraba y admiraba cada una de las figuras, imaginando esa época que ella conocía muy bien.
Ya había perdido la noción del tiempo cuando el guía advirtió que visitarían la última de las tumbas, la mejor conservada, incluso con restos de colores. La sobrecogió el entorno. El recorrido la agotó por el calor sofocante que existía en el exterior de las tumbas. Sin embargo, a medida que bajaba la rodeó un frescor poco común, la humedad existente le recorrió el cuerpo refrescándola. Estaba conmovida por la solemnidad del lugar. Le parecía que todo lo que la rodeaba saldría de sus lugares envolviéndola sin miramiento. De pronto se sintió atraída por una faluka*. Sin dificultad se subió a ella y zarpó. El viento le acarició suavemente el rostro. Navegaba en las torrentosas aguas del Nilo, acompañada por jóvenes soldados. No sabía a dónde, pero lo intuía, es mi viaje final, se dijo, y comenzó a repasar su vida. El recorrido al más allá sería largo y penoso hasta alcanzar la eternidad, pero estaba dispuesta a hacerlo, en realidad a eso vine, a morir en manos de estos dioses extraños, en un lugar remoto. Nada la retenía en la tierra, aquí encontraría la paz, abandonaría por fin ese desasosiego que la atormentaba. Mientras navegaba, a su alrededor vio cómo numerosos seres extraños la acosaban, son mis pecados que no me dejan avanzar, pensó. Sin embargo, también la rodearon otras figuras menos temibles, como queriéndola rescatar de esa condena que parecía inminente. Continuó navegando, el río se hacía más ancho, el viento más fuerte. Sofía seguía recordando. Ganaré el más allá, probaré que sí lo merezco. En un recodo del río, divisó la escalera que la llevaría al final de la jornada. En lo alto estaba la balanza que pesaría su corazón. Éste debía ser más liviano que la pluma puesta en el contrapeso. Era la condición para lograr salvarse, aquélla que esperaba alcanzar después de esta larga y penosa travesía. Bajó de la embarcación y comenzó a subir.
El guía estaba preocupado, porque una de las señoras, la de más edad, no salía de la tumba. Decidió bajar a buscarla, pero no la encontró. Volvió al bus con el resto de los pasajeros y esperó inútilmente.
*Faluka: embarcación egipcia que navega por el Nilo sólo impulsada por el viento.