MAGNOLIA. "¿Quién conoce el verdadero secreto de la magnolia?"
Sylvia Neira Lermanda.

En mi acostumbrado paseo por el parque, me encontré con un espectáculo increíble: las florecillas estaban a punto de aparecer; los pájaros revoloteaban en una alegre algarabía; la luz del sol asomaba tímidamente en medio de esa naturaleza que estallaba en su máximo esplendor. Inmovilizada en medio de tanta belleza, percibí ese olor suave, exquisito y corrí hacia él. Era una gran magnolia cubierta de flores. Su fragancia lo penetraba todo. Decidí quedarme abrazada a ese aroma, dispuesto a no desprenderme jamás. Con el tiempo pude comprobar que esa fragancia siempre estaría asociada a los grandes acontecimientos de mi vida, para bien o para mal.
Recién casada, planté una magnolia en el jardín de mi casa. El árbol creció, haciéndose fuerte como mi familia. Durante años su perfume ocupó cada rincón de mi hogar.
En la primavera de nuestro décimo aniversario, la magnolia no volvió a florecer. A pesar de mis cuidados, vi con pavor que no se recuperaba. Al contrario, se moría lentamente, como muchos de los sentimientos a mi alrededor.
Sylvia Neira Lermanda
(Agosto, 2008)