Los Fotógrafos y sus fotografías.

Hay en las fotografías antiguas una pulcritud y un esmero que no existe en las fotos de hoy. Desde el color sepia que tiñe las imágenes hasta la cuidadosa luz que las ilumina, todo en ellas es estudiado y serio. Basta con mirarlas para notar la diferencia con las fotos actuales.
Es 1920, llegan los padres de familia con sus hijos, niños aún, al "Estudio fotográfico". Todos se han preparado. Vienen a tomarse una foto, la que será un regalo para el abuelo que está de cumpleaños. El niño va vestido de marinero, con el clásico cuello en V caído sobre la espalda. Sobre su cabeza lleva una gorra con dos cintas que caen atrás. En vez de zapatos, la madre se ha preocupado de calzarle unos botines bien lustrados. La niña lleva un traje vaporoso, que marca su cintura. Está adornado con blondas y su falda es plisada. En su mano lleva algunas flores. El fotógrafo les ordena pararse uno al lado del otro. En un momento determinado deben mirarlo. Sonríen levemente. Hay pocas fotos de época con sonrisas. Todos lucen un aspecto más bien serio. Es que aquello de "la fotografía" constituía realmente un acto solemne. El resultado se entregaba después de algunos días y de un detenido proceso químico, en un cartón ocre y duro que destacaba la foto con un marco dibujado en su contorno. Al pié de la foto iba el nombre del estudio y su dirección. Era un hermoso recuerdo de familia.
Más tarde apareció en plazas y lugares públicos, el fotógrafo "minutero". El hombre usaba un delantal blanco y sacaba las fotos "al minuto", de ahí su nombre "minutero". Sobre tres patas de madera estaba su cámara, siempre cubierta con un paño negro, el cual sacaba para tomar la foto y volvía a poner para hacer el revelado. Cuando ya estaba lista, la lavaba en un recipiente con agua (que siempre mantenía a su lado) para sacarle las sales de plata que aún retenía. Luego las secaba al aire y las entregaba al cliente. La alegría que provocaban aquellas fotos al verlas de inmediato, era inmensa ya que eran económicas y populares. Con el tiempo desapareció aquel minutero y fue sustituido por otro, que sobre las tres patas de madera instaló una moderna "polaroid".
Al día de hoy ya no existe esa antigua ceremonia de asistir a un estudio fotográfico a tomarse una foto de familia. ¿A quién se le va a ocurrir? Si hasta los niños manejan su propia cámara y se divierten tomando fotos a los amigos,
a las flores y hasta la mascota de la casa. Así es el avance de la ciencia y la técnica. En todo caso, diremos:¡Viva la fotografía!
Pili García-Tello./0Junio/2001-