CARLOS PEZOA VÉLIZ

Insigne Poeta Chileno

Una breve y fecunda existencia

por Luis Ossa Gajardo

Un 21 de Julio 1979 en una fría mañana de invierno, un pequeño grupo de poetas de la Sociedad de Escritores de Valparaíso y otras entidades literarias, subíamos lentamente el Cerro Alegre…nuestra misión era colocar una placa de bronce en una de las piezas del vetusto Hospital Alemán, en el que yaciera por algún tiempo, en calidad de paciente por una penosa convalecencia, el excelso poeta chileno: Carlos Pezoa Véliz. El primer poeta de Chile con voz propia, que ampliamente superó a los poetas de su época, después vendría Gabriela Mistral, Neruda, Huidobro etc.

La razón de esta visita era rendir un silencioso tributo al poeta, -discípulo de la escuela naturalista de Emilio Zola-, y de este modo conmemorar el centenario de su natalicio; nacido un 21 de julio de 1879. De origen modesto, apenas alcanzó los 28 años de edad, sin embargo, en su corta existencia nos legó una rica producción lírica hecha con jirones del alma. Eminentemente autodidacta enfocó su temática en una clara intencionalidad social. Su lirismo lleno de rebeldía e ironía, intensidad y melancolía nos hace entrever su dolorosa preocupación por los desposeídos de su época, él mismo lo fue, ya que se cuenta que suplía con papel de diario la carencia de calcetines y su sustento consistía muchas veces en una taza de té y pan, sus apellidos les fueron concedidos por la familia de escasos recursos económicos que noblemente lo adoptó en sus primeros años de vida. En 1902 se establece en Valparaíso, colaborando en el diario La Voz del Pueblo. Hizo clases en Viña del Mar. Fue secretario Municipal de Viña del Mar, ciudad en la ejerció funciones de periodista y profesor en el Instituto Inglés. Pezoa Véliz no publicó libro alguno, su poesía apareció sólo en periódicos y medios no convencionales. Ernesto Montenegro en 1911, es decir, cuatro años después de su muerte, recopila y publica su obra poética bajo el título de "Alma Chilena".

Entre los poetas que realizamos aquel emotivo y justo homenaje, el cual hemos descrito anteriormente, estuvieron presentes: Alfonso Larrahona, Luis Fuentealba, Guillermo Quiñones, Manuel Astica, Luis Ossa Gajardo…

 

He aquí su poema de melancólica y bella sencillez:

 

Tarde en el hospital

                                                                                          Carlos Pezoa Véliz

Sobre el campo el agua mustia
cae fina, grácil, leve;
con el agua cae angustia:
llueve

Y pues solo en amplia pieza,
yazgo en cama, yazgo enfermo,
para espantar la tristeza,
duermo.

Pero el agua ha lloriqueado
junto a mí, cansada, leve;
despierto sobresaltado:
llueve

Entonces, muerto de angustia
ante el panorama inmenso,
mientras cae el agua mustia,
pienso.

 

Escrito en el Hospital Alemán de Valparaíso en 1906.

 

Un poema profético:

Era un pobre diablo que siempre venía
cerca de un gran pueblo donde yo vivía;
joven rubio y flaco, sucio y mal vestido,
siempre cabizbajo... ¡Tal vez un perdido!

Un día de invierno lo encontramos muerto
dentro de un arroyo próximo a mi huerto,
varios cazadores que con sus lebreles
cantando marchaban... Entre sus papeles
no encontraron nada... los jueces de turno
hicieron preguntas al guardián nocturno:
éste no sabía nada del extinto;
ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.

Una chica dijo que sería un loco
o algún vagabundo que comía poco,
y un chusco que oía las conversaciones
se tentó de risa... ¡Vaya unos simplones!

Una paletada le echó el panteonero;
luego lió un cigarro; se caló el sombrero
y emprendió la vuelta...
Tras la paletada, nadie dijo nada, nadie dijo nada...

Otros poemas de Carlos Pezoa Véliz.

Un bocado para las hambres de su patrón:

Teodorinda
Tiene quince años ya Teodorinda,
la hija de Lucas el capataz;
el señorito la halla muy linda;
tez de durazno, boca de guinda...
¡Deja que crezca dos años más!

Carne, frescura, diablura, risa;
tiene quince años no más... ¡olé!
y anda la moza siempre de prisa
cual si a la brava pierna maciza
mil cosquilleos hiciera el pie...

Cuando a la aldea de la montaña
con otras mozas va en procesión,
su erguido porte, fascina, daña...
y más de un mozo de sangre huraña
brinda por ella vaca y lechón.

¡Si espanta el brío, la airosa facha
de la muchacha!... ¡Qué floración!
¡Carne bravía, pierna como hacha,
anca de bestia, brava muchacha
para las hambres de su patrón!

Antes que el alba su luz encienda
sale del rancho, toma el morral
y a paso alegre cruza la hacienda
por los pingajos de la merienda
o la merienda de un animal.

Linda muchacha, crece de prisa...
¡Cuídala, viejo, como a una flor!
Esa muchacha llena de risa
es un bocado que el tiempo guisa
para las hambres de su señor.
Todos los peones están cautivos
de sus contornos, pues que es verdad
que en sus contornos medio agresivos
tocan clarines extralascivos
sus tres gallardos lustros de edad

Sangre fecunda, muslo potente,
seno tan fresco como una col;
como la tierra, joven, ardiente;
como ella brava y omnipotente
bajo la inmensa gloria del sol.

Cuando es la tarde, sus pasos echa
por los trigales llenos de luz;
luego la falda brusca repecha...
El amo cerca del trigo acecha
y le echa un beso por el testuz...


Un breve y tierno poema de amor:

Reiré mientras impulses
mi barca que ya se pierde,
niña de ojos agridulces
como granos de uva verde.

Y reiré mientras coja
en el amor mi poesía,
niña de boca más roja
que un corazón de sandía
.

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