LAMENTO DE GREDA

PABLO TELLO ROSALES

 

Tus manos entibian mi cuerpo, más tus ojos soñadores me transportan hacia tus profundos sentimientos, ¡me encantan cuando moldean mis polos norte y sur!, ¡me gustas cuando tus dedos acarician mis labios resecos!, sólo tú eres capaz de colmarme de vida, sólo tú eres la musa perfecta para este añoso moreno. Mis años caen y se renuevan con sólo recordarte, amo la humedad cristalina del campo con la que regalabas mi razón de ser, y amo el caminar contigo en tu regazo.

¡Es difícil no tenerte!, ¡es tan duro no servirte!, es lento mi paso por la vida. Pero, con sólo recordarte vuelvo a las plateadas mañanas contigo, a los rojizos atardeceres llenos de aromas de hierbas amigas, y por sobre todo vuelvo a tu corazón de reina de América, a tu simiente bañada en arenilla y tierra latina.

¡¡Por eso!!, yo viejo cántaro de greda, cada vez que recibo el agua de otras manos, imagino que eres tú Gabriela, quien con delicadeza rebosa mi cuenco, que colmas mi viejo amor, y que vuelves a caminar por esta tierra generosa, prodigando sencillos cantos de amor a gentes de nuestro pueblo, a humildes campesinos y a niños tan soñadores como yo, un cántaro de greda mil veces resquebrajado y mil veces parchado, que en mí salpicaste tus letras las cuales quedaron en mis grietas curándolas y remendándolas por siempre.

Gabriela, amiga y madre de lo sencillo, ¡yo rompo mi cuerpo y parto mis asas!, ¡para que nadie toque lo que tu moldeaste y que tú amastes!.

Vuelvo a la tierra, a la arenilla pardusca con la esperanza que alguna vez quizás en otra vida tú me vuelvas a crear y amar.

¡Amiga mía!, te entrego mi esencia…………………

  UN CANTARO DE GREDA

El Cántaro de Greda. En: Prosa de Gabriela Mistral. Alfonso Calderón, comp. Santiago: Editorial Universitaria., 1989.

Cántaro de greda, moreno como mi mejilla, ¡tan fácil que eres a mi sed! Mejor que tú el labio de la fuente, abierto allá abajo, en la quebrada, pero está tan lejos y en esta noche de verano no puedo descender hacia ella.

Yo te colmo cada mañana lentamente, religiosamente. El agua canta primero al caer; cuando quedas en silencio, con la boca temblorosa, beso el agua, pagándole su servicio.

Eres gracioso y fuerte, cántaro moreno. Te pareces al pecho de una campesina que me amamantó cuando rendí el seno de mi madre. Y yo me acuerdo de ella mirándote, y te palpo con ternura  los contornos. Ella ha muerto, pero tal vez su seno te esponjó para seguir refrescándome la boca con sed.

Porque ella me amaba...

¿Tú me ves los labios secos? Son labios que trajeron muchas sedes: la de Dios, la de la Belleza, la del Amor. Ninguna de estas cosas fue como tú, sencilla y dócil, y las tres siguen blanqueando mis labios.

En las noches te dejo bajo el cielo para que caigan en tu cuello las gotas de rocío, por si también tuvieras sed. Y es que pienso que como yo puedes tener la apariencia de la plenitud y estar vaciado.

Como te amo, bebo en tu mismo labio, sosteniéndote con mi brazo.¿Si en su silencio sueñas con el abrazo de alguien, te doy la ilusión de que lo tienes? ¿Sientes en todo esto mi amor?

En el verano pongo debajo de ti una arenilla dorada y húmeda, para que no te tajee el calor, y una vez te cubrí tiernamente una resquebrajadura con barro fresco.

Fui torpe para muchas faenas, pero siempre he querido se la dulce dueña, la que coge con temblor de dulzura las cosas, por si entendieras, por si padecieras como yo.

Mañana, cuando vaya al campo, cortaré las hierbas buenas para traértelas y sumergirlas en tu agua.¡Sentirás el campo en el olor de mis manos!

Cántaro de greda; eres más bueno para mí que muchos que dijeron ser buenos.

¡Yo quiero que todos los pobres tengan como yo un cántaro fresco para sus labios con amargura!

 

 

 

 

 

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