TARDE PORTENA
ALEXIS OSSA MEDINA
Era un atardecer de verano en Valparaíso, el día había sido bastante caluroso, la temperatura poco a poco comenzaba a menguar, el sol se escondía lentamente en el horizonte dando un aspecto paradisíaco al cielo porteño, los pelícanos volaban en fila imitando los movimientos de su guía. En el Cerro Alegre en una vieja casona Don Horacio, un anciano dinámico y amable, observaba un álbum de fotos de su familia, sentado en el sillón del escritorio ubicado en el segundo piso de la casa, miraba con detención cada fotografía, en especial la de sus antepasados quienes llegaron a comienzos del siglo pasado en un vapor que arribó a las costas de Valparaíso, por aquel entonces, centro de operaciones comerciales de América del sur. Ya estaba oscuro, y quiso ir a dormir, por lo que don Horacio cerró el álbum fotográfico, se levantó del sillón y se dirigió a la ventana, aseguró el pestillo y juntó las cortinas, ya iba a la cocina a buscar algo de beber cuando se percató que en el suelo junto al escritorio había una foto, tenía tanta sed que bajó presuroso las escaleras, llegó a la cocina, tomó un vaso y bebió a grandes sorbos el líquido, luego revisó que la puerta de calle estuviera segura y subió las escaleras nuevamente, iba a su dormitorio cuando se acordó de aquella fotografía en el suelo, pensó en recogerla al día siguiente, pero algo le impulsó a volver al escritorio. La tomó y la miró rápidamente, abrió el álbum para guardarla, en ese momento se dio cuenta que aquella fotografía jamás la había visto, comenzó a fijarse en los detalles, era una imagen campestre en tono sepia, con una carreta bajando un cerro, no parecía un lugar conocido para él, al poco tiempo de observarla, le pareció ser la imagen de Valparaíso de comienzos de siglo XX … poco a poco la imagen se fue haciendo más real, fue tomando colores, y en un instante se encontró junto a la carreta de la fotografía, que estaba completamente cargada y con una cubierta sobre la mercadería, don Horacio comenzó a entablar conversación con el conductor de la carreta, este le contó que se dirigía al muelle a llevar mercadería para un barco que según había oído era un galeón que estaba oculto en la bahía formada por la punta Curaumilla y punta Ángeles, el que llevaba a bordo un gran cargamento de oro. A don Horacio le pareció interesante aquel relato y le propuso al conductor acompañarlo, a lo que aquel accedió gustoso ya que el estrecho sendero de tierra y piedras por el que iban era bastante desolado, sólo arbustos, árboles, y uno que otro canto de las aves. Al llegar al muelle se bajó de la carreta y comenzó a ayudar a colocar la mercadería en el bote, le pedían que quedara bien estibada a fin de evitar que el bote volcara de campana, una vez puesta toda la carga en la embarcación soltaron las amarras y comenzaron a remar, don Horacio iba tan concentrado en ver aquel galeón que ni se sentía cansado, remaron cerca de cuarenta minutos hasta que a lo lejos se divisó un barco en cuyo mástil principal flameaba una bandera, cuando faltaban cerca de cien metros don Horacio quedó impresionado, confirmó que se trataba de un galeón, es similar al "Santiaguillo" –pensó-, al llegar junto a babor, bajó el capitán del galeón al tiempo que lanzaron cuerdas para subir la mercadería, el capitán cercioraba que estuviera toda la mercadería y charlaba con don Horacio y su nuevo amigo, contaba que tenían a bordo lingotes de oro, que iban rumbo al norte, y que debían guarecerse en bahías ocultas de población para no despertar la ambición de los ladrones. Una vez terminada la faena volvieron a remar, don Horacio miraba absorto la hermosura del galeón y como reventaban las olas en la quilla, el capitán se despedía a lo lejos. Al llegar al muelle don Horacio se ofreció para conducir la carreta, venían saliendo de la aldea y comenzando la loma, cuando el color de aquel paisaje comenzó a desaparecer...don Horacio despertó en su sillón con la foto en la mano, ¡pero que sueño más extraño! –Dijo-, ¡Qué tarde debe ser!, metió la foto en el álbum y se dirigía a su dormitorio, pero al voltear la luz de la sala de su escritorio se hizo más intensa, y vio al conductor de la carreta, al capitán del buque y a sus ayudantes, quienes indicándole el álbum le invitaron a ir con ellos.