Ana no crezcas.

Por Marcela Morales.

Cuando Ana era niña, ella y su mejor amiga caminaban hasta el mirador de la cuidad para ver el atardecer y así apreciar como las nubes cambiaban de color.
Siempre quiso saber porque las nubes se teñían rosas.
Ya ha pasado mucho tiempo desde eso, y hoy volamos en un avión de papel buscando esas nubes que Ana recordaba desde niña.
Aterrizamos acá...cerca del mirador donde iba Ana.
-Mmm...No recuerdo bien si fue antes o después que había un camino de ripio...
Creo que es por allá...Falta poco...pero estoy segura que estuve aquí antes...
A pesar de no saber cuanto faltaba, me tranquilizaba saber que el lugar se le hacia familiar.
-No te canses-me decía-cuando lleguemos te darás cuenta que vale la pena todo el camino.
Por mientras guarda el avión en tu bolsillo.
Seguimos el camino. Tenía razón, solo eran unos pasos más y estábamos en el lugar.
Llegamos en el momento justo, era la hora en que las nubes se teñían.
-Saca el avión- me dijo- vamos, volemos y averiguamos que pasa al otro lado de los cerros.
Volamos y vimos que al otro lado del cerro había un lago de colores, cuando el sol llegaba justo a él se reflejaba y teñía las nubes de colores.
Ana solo quiso volver a casa, ser una niña nuevamente sin querer averiguar más allá.

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