Los amores de Gabriela.

Breve crónica.

María Luisa García-Tello.

 

Los amores de Gabriela.

Breve crónica.

Introducción.

Siempre nos ha provocado interés conocer los motivos que impulsan la conducta humana. Por esa razón hemos querido acercarnos al espíritu de nuestra gran poeta, saber quién o quienes fueron causa de sus regocijos o dolores, qué la empujó a escribir sus más íntimos poemas, con quién compartió sus amores, dónde se encontraba y en qué condiciones cuando recibió el Premio Nobel y, en resumen, entrar al mundo interior de esa mujer que tanto nos entregó sin pedir nada a cambio.

Quienes pensaron que Gabriela era una mujer más mística que pasional, más cercana al cielo que a la tierra, más próxima a las estrellas que a la luz del sol, no la conocían lo suficiente. Muchos admiradores sabían sólo de sus poemas dedicados a los niños, a la infancia. Les faltaba interiorizarse de sus poemas de amor y muerte, de sus crónicas, ensayos y ‘recados’, pero por sobre todo, les faltaba empaparse de su epistolario, cartas que develaban un alma sensible y apasionada.

Esta excepcional poeta y escritora, sensible a todo el acontecer que la rodeó, supo entregar en su obra el universo de pensamientos, emociones y sensaciones que cristalizaron en su alma y que nos transmitió en sus escritos. Entreguémosle, aunque tarde, el lugar que debió ocupar hace mucho tiempo.

Sus padres y Montegrande.

Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, (más conocida como Gabriela Mistral) nació en Vicuña, el 7 de abril de 1889. Era hija de Jerónimo Godoy Villanueva y Petronila Alcayaga Rojas." El padre, de origen minero, maestro rural en la escuelita de la Unión, fue un hombre instruido, sabía algo de latín, tocaba guitarra y siempre lo animó un espíritu inquieto. Cuando Lucía cumplió tres años, abandonó definitivamente a su familia. Diez años menor que su esposa llevó una vida bohemia y disipada. Luego de su separación vivió en Copiapó y en La Unión y visitó a la pequeña Lucila dos veces en Vicuña. Dice Mario Bahamonde en su libro"Gabriela Mistral en Antofagasta" (Fragmento): "Don Jerónimo Godoy, padre olvidadizo de Lucila, falleció en la sala común del hospital de Copiapó el 30 de agosto de 191. Trashumante, bohemio, poeta, andariego, libador y nortino, a veces hizo de preceptor y otras, simplemente de nada."

Su madre decidió dejar el pueblo donde vivían, después que Jerónimo abandonara el hogar, e instalarse en Montegrande lugar en que se había establecido su otra hija, Emelina, 15 años mayor que Lucila, viuda a los 25 años, quien ejercía allí como maestra rural. Gabriela siempre sintió aquel pueblecito en medio del Valle de Elqui, como su tierra de origen. (Tanto fue así que, más tarde, ya diplomática y viajera, cuando andaba de un lugar a otro por el mundo, llevaba consigo un saquito con tierra de su pueblo). Vivió entre los tres y los nueve años en Montegrande y se volvió una niña retraída. Su madre decidió enviarla a la escuela en donde ejercía de maestra una amiga suya, doña Adelaida Olivares. Aquí recibió otro golpe que no olvidaría nunca. Doña Adelaida era ciega y Lucila se convirtió en su lazarillo y la acompañaba de su casa a la escuela y de nuevo a su casa, pero esta mujer no era persona muy afectiva y no fue capaz de comprender el carácter de Lucila. A la maestra no se le ocurrió nada mejor que confiarle la misión de repartir entre sus compañeras el material escolar fijándole una cantidad para el mes. Pero las niñas, con la maldad característica de la infancia, se apoderaban de cantidades superiores a la prevista y al poco tiempo la pobre Lucila se encontró con que ya no quedaba material para repartir. Preguntada por la maestra sobre el mal reparto de dicho material, no fue capaz de contestar por lo que doña Adelaida reuniendo a toda la clase, la acusó de robarlo y la condenó. Fue tal el disgusto de Lucila que perdió el conocimiento y cuando salió a la calle un grupo de niñas la estaba esperando para apedrearla. No regresó jamás a la escuela.

Una vez que Petronila quedó sola, Gabriela fue para ella consuelo y compañía.

La madre bordaba y cosía, era una mujer dulce y tierna que no guardó rencor ni amargura por el abandono de su marido. Llenó su vida con el amor a sus hijas. Solía cantar canciones de cuna a la más pequeña y arrullarla antes de dormirse. Dice Gabriela al referirse a ella: "Era una mujer muy hermosa y muy delicada, cuya voz que conmovía, me hablaba siempre en el recuerdo como la más perfecta voz humana que yo haya escuchado. A esa voz suave y patética se le había subido la caridad maravillosa de su corazón". Agrega: "Era para mí una presencia que me sostenía. Casi nunca viví con ella por su apego a la Serena: pero era mi razón de vivir."

También en "La divina Gabriela" de Virgilio Figueroa, hemos encontrado esta hermosa crónica de Gabriela, dedicada a su madre: (Fragmentos):

"Madre, yo he crecido como un fruto en la rama espesa, sobre tus rodillas profundas. Ellas llevan todavía la forma de mi cuerpo, otro hijo no te la ha borrado y tanto se habituaron a mi carne, que cuando yo corría por los caminos, ellas estaban allí, en el corredor de la casa, tristes de no sentir mi peso.

"No hay ritmo más suave entre los cien ritmos derramados por el "Primer Músico" en el mundo, que ese de tu mecedura, madre, y las cosas plácidas que hay en mi alma se cuajaron con ese vaivén de tus brazos y tus rodillas.

"Y a la par que mecías, me ibas cantando y los versos no eran sino palabras tuyas juguetonas, pretexto para tus mimos. En esas canciones tú me nombrabas las cosas de la tierra: los cerros, los frutos, los pueblos, las bestiecitas del campo, como para domiciliar a tu hija en el mundo, como para enumerarle los seres de la familia tan extraña en que la habías puesto a existir. Y así yo iba conociendo tu duro y suave universo; no hay palabrita que nombre las criaturas que no aprendiera de ti. Las maestras que vinieron después sólo usaron de las visiones y de nombres hermosos que tú me habías enseñado.

"Jugaba con tu cabello como con hilitos de agua escurridizos; con tu barbilla redonda, con tus dedos que trenzaba y destrenzaba. Tu rostro inclinado era para mí todo el espectáculo del mundo.

"Y cuando ya supe caminar de la mano tuya, apegadita a ti, cual si fuera un pliegue de tu falda, salí a conocer tu valle y mi valle dulcísimo.

"Todos los que vienen después de ti en la vida, madre, enseñan sobre todo lo que tú enseñaste y dicen con muchas palabras cosas que tú decías con poquitas; cansan nuestros oídos y nos matan el gozo de escuchar. Mientras te oía, jugaba con la vuelta de tu blusa o con el botón de concha de perla de tus mangas. Y este es el único aprender deleitoso que yo he conocido, madre."

Con estas palabras, Gabriela demuestra el más íntimo amor a su madre.

Maestra.

A los 15 años decidió ser maestra. Obtuvo un trabajo como profesora primaria en una escuela de Coquimbo llamada La Compañía. Su abuela paterna, quien vivía en la Serena, doña Isabel Villanueva, puritana y austera, fue una figura importante e introdujo a Gabriela en la lectura de la Biblia, lectura que jamás abandonaría. En 1904 colaboró en el periódico "Coquimbo" de la Serena y en otros diarios locales, como "La Voz de Elqui". Escribió bajo diversos seudónimos, tales como "Soledad", "Alguien" o "Alma". En 1905 ya utiliza el nombre de Gabriela Mistral. En 1910 obtuvo su título de Maestra Primaria.

Siempre amó a los niños y les dedicó tiernos poemas tales como "Todo es ronda",

"El Ángel Guardián", "Corderito", "La Pajita", "Manitas", etc.

 

Manitas.

Manitas de los niños,
manitas pedigüeñas,
de los valles del mundo
sois dueñas.

Manitas de los niños
que al granado se tienden,
por vosotros las frutas
se encienden.

Y los panales llenos
de su carga se ofenden.
¡Y los hombres que pasan
no entienden!

Manitas blancas, hechas
como de suave harina,
la espiga por tocaros
se inclina.

Manitas extendidas,
piñón, caracolitos,
bendito quien os colme,
¡bendito!

Benditos los que oyendo
que parecéis un grito,
os devuelvan al mundo:
¡benditos!

En su más conocido poema "Piececitos de niño", demostró su asombro y dolor por el desamparo en que se encuentran los niños pobres de Chile escribiendo:

Piececitos de Niño.

Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!

¡Piececitos heridos
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
y lodos!

El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,
una flor de luz viva
dejáis;

que allí donde ponéis
la plantita sangrante,
el nardo nace más
fragante.

Sed, puesto que marcháis
por los caminos rectos,
heroicos como sois
perfectos.

Piececitos de niño,
dos joyitas sufrientes,
¡cómo pasan sin veros
las gentes!

Su primer amor.

Según la "Recopilación… de Cartas de Amor" elaborada por Sergio Fernández Larráin, "Alfredo Videla Pineda fue un rico hacendado, de rancia estirpe coquimbana, dueño de valiosas viñas en Samo. De físico atractivo, sus padres fueron Vidal Videla Hidalgo y Petronila Pineda Miranda.

Lucila Godoy enseñaba en la única escuela de La Cantera y aunque no está determinado el lugar ni cómo lo conoció, se dice que hasta la escuela llegó el amor.

Videla, serenense, nació en 1866; era asiduo visitante de La Cantera, y entre Lucila y él hubo una correspondencia que expresaba una amistad amorosa. Existe un documento vivo de la relación de Lucila con Alfredo. Ella obsequió su retrato a Videla. La dedicatoria es simple: A mi amigo Alfredo. Lucila. Fue un obsequio hecho en el primer día del año 1906, un regalo de Año Nuevo, cuando no tenía aún dieciséis años, mientras el rico hacendado sobrepasaba los cuarenta."

"Gabriela le recuerda en una de las diversas cartas que escribió a Alfredo, en La Compañía el 23 de diciembre de 1905, "la inolvidable noche pasada en el palco 10" y se pregunta si habrá otras noches tan queridas e impregnadas de amor como aquella.

Luego, el 12 de mayo, le manifiesta que sus cartas le son "infinitamente gratas" y que "ninguna mujer lo habrá querido con el cariño sólido y abnegado con que ella lo ha hecho".

La carta continúa en un tono muy apasionado. Termina diciendo: "Mi amor es calmado, intenso y noble", y pregunta con candor si él se reirá de esta locura suya.

Agrega sus dudas en la carta del 16 de febrero de 1906 en Coquimbo, diciéndole que piensa que "sólo en los momentos en que está cerca de ella son suyos sus sentimientos y sus pensamientos." Le pide le envíe dentro de una carta "una hojita, una flor que traiga el perfume de sus labios…" En otra lo llama "Mi Alfredo regalón."Luego, en la carta de La Compañía, del 20 de marzo de 1906, comienza diciendo: "Mi Alfredo inolvidable" y le manifiesta que "ha pasado siete horas de agonía, sabiendo que en el correo había una carta suya sin poder verla…"

Algunos investigadores expresan que no cabe duda que Alfredo intentó seducirla, pero se estrelló con la inquebrantable voluntad de la joven maestra rural.

Develando en silencio la tácita proposición de Alfredo Videla, Lucila escribió: "No dispongo más que con mi honra, la riqueza de la mujer pobre. Si el amor me dice: ¡Accede!, el deber me dice: ¡No!"

Luego de dieciséis meses de mantener su alma en vilo, Lucila apartó de su camino un amor que no anunciaba nada cierto para el futuro.

Después Gabriela escribe:

La maestra era pura. "Los suaves hortelanos",

decía, "de este predio, que es predio de Jesús,

han de conservar puros los ojos y las manos,

guardar claros sus óleos, para dar clara luz."

Desde La Compañía escribió en La voz de Elqui un sensible poema titulado "Al final de la vida", que dice al comienzo:

¡Corazón, corazón, cuánto soñaste!

¡Qué dicha se forjó tu fantasía!

¡Con qué fervor creíste y adoraste!

¡Qué esperanza más firme te asistía!

Di: ¿qué te queda hoy día?

Sin embargo, sin saberlo, un nuevo amor está a la vuelta de la esquina. Un amor que cambiará para siempre su destino.

Un amor trágico.

En 1907 fue trasladada a la escuela de La Cantera, un pequeño pueblo dentro de Coquimbo. Un día, cuando sólo contaba 17 años conoció a Romelio Ureta Carvajal y el amor surgió a primera vista. La mayoría de sus biógrafos coinciden en que conoció al joven Romelio Ureta cuando se desempeñaba allí como profesora.

Su gran amiga, Laura Rodig, habla de un año más, dice "que ella conoció a Romelio Ureta cuando tenía 18 años y él 22." Describe a Romelio como "un muchacho encantador, muy correcto en todo, pulcro en su persona, un poco tímido y muy bien parecido, más bien alto, de tez muy blanca y cabellos oscuros. Muy querido de quienes lo trataron y muy buen camarada." Se dice que su hermano Macario, logró colocar a Romelio en el cargo de guarda equipaje en Ferrocarriles del Estado."

Romelio, por línea paterna, pertenecía a la más rancia aristocracia colonial y criolla. Fue el hombre que entonces, en esos momentos, renovó la vida de la muchacha, le entregó un sendero al amor, un paisaje que le prodigó una nueva felicidad. Entonces escribió:

El mundo fue más hermoso
desde que me hiciste aliada
cuando junto a un espino
nos quedamos sin palabras.
¡Y el amor como el espino
nos traspasó con fragancias!

No obstante, para él este amor fue frágil. El muchacho, terminada la relación, se convirtió en novio de la distinguida dama nortina Clementina Herrera y estuvo a punto de contraer matrimonio con ella…"

Años después, la poeta ha contado en una carta dirigida a Manuel Magallanes, el impacto de sentirlo y verlo en un apasionado romance con su novia. Sucedió que Gabriela, cuando iba a Coquimbo, alojaba en una casa que era los altos de la que Romelio ocupaba. Una noche la familia iba a la playa. Temiendo verlo allá, ella no quiso ir. Sabía que estaba de novio y evitaba su encuentro. Lo quería todavía y tenía el temor que leyera en sus ojos ese amor que para ella era una vergüenza. Desde el corredor de la casa se veía el patio de la de él. Se puso a mirar hacia abajo. Había luna. Vio al sirviente que traía de adentro unas ropas que pensó serían de él- de su patrón- después le oyó gritar: "Ya me voy, patrón". Comprendió que el patrón no había salido. Se sentó y siguió mirando y oyendo. ¡Lo que vio y lo que escuchó! La novia había venido a verlo y por evitar, quizás, la presencia del amigo con quien compartía la pieza, salió con ella al patio. Por otra parte, tal vez la luna llena los llamaba afuera. Trajo para ella un sillón: él se sentó en un banquillo. Recostaba la cabeza en las rodillas de ella. Hablaban poco o bien era que hablaban bajo. Se miraban y se besaban con pasión. La cabeza de él recibía una lluvia de besos de esa boca ardiente. El la besaba menos, pero la oprimía fuertemente contra sí. Se había sentado sobre el brazo del sillón y la tenía, ahora, sobre su pecho. Gabriela (entonces aún Lucila) miraba todo eso. La luz era escasa y sus ojos se abrían como para recoger todo eso y reventar los globos. Los ojos le ardían, respiraba apenas; un frío muy grande le iba tomando. Se besaron, se oprimieron, se estrujaron, dos horas. Empezó a nublarse, y cuando una nube cubrió la luna ya no vio más y esto fue lo más horrible. No pudiendo ver, imaginaba lo que pasaría allí, entre esos dos seres que se movían en un círculo de fuego. Había visto en ella temblores de histérica; él era un hombre frío, pero claro es que era de carne y hueso. No pudo más. Pensó que había que hacer que supieran que alguien los veía de arriba. Despedazó flores de las macetas de arriba y se las echó desmenuzadas sobre lo que adivinaba que eran sus cuerpos. Un cuchicheo y, después, la huída precipitada.

El dolor y la amargura que esta situación provocó en Gabriela se revela en uno de sus más famosos poemas titulado "Balada ".

Balada.

El pasó con otra;

yo le vi pasar.

Siempre dulce el viento

y el camino en paz.

 

¡Y estos ojos míseros

le vieron pasar!

El va amando a otra

por la tierra en flor,

 

ha abierto el espino;

pasa una canción.

¡Y él va amando a otra

por la tierra en flor!

 

El besó a la otra

a orillas del mar;

resbaló en las olas

la luna de azahar.

 

¡Y no untó mi sangre

la extensión del mar!

El irá con otra

por la eternidad.

 

Habrá cielos dulces

(Dios quiere callar)

¡Y él irá con otra

por la eternidad!

Más tarde una lamentable urgencia de su amigo Carlos Omar Barrios llevó a Rogelio a prestarle dinero, que sustrajo de las Cajas de Ferrocarril, con el ánimo de proceder a su puntual reembolso. El incumplimiento de Barrios y la desventura de no llegar a tiempo para cancelar el pago, donde su hermano Macario, que se encontraba en el interior del valle, lo condujeron a terminar con su vida el 25 de noviembre de 1909.

Así dice la versión oficial relativa al suicidio, pero es posible que aquella razón se juntara con otros problemas de índole sentimental o psicológica, que le provocaron una profunda depresión.

Años después Gabriela declaró a Jerónimo Lagos Lisboa: "En la cartera interior del paletó guardaba una de dos tarjetas que yo le había escrito."

Primer soneto.

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,

te bajaré a la tierra humilde y soleada.

Que he de dormirme en ella los hombres no supieron

y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

 

Te acostaré en la tierra soleada con una

dulcedumbre de madre para el hijo dormido

y la tierra ha de hacerse suavidad de cuna

al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

 

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,

y en la azulada y leve polvareda de luna

los despojos livianos irán quedando presos.

 

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas

porque a este honor recóndito la mano de ninguna

bajará a disputarme tu puñado de huesos.

 

 

"El ruego". (Fragmento).

"Señor, tú sabes cómo, con encendido brío,

por los seres extraños mi palabra te invoca.

Vengo ahora a pedirte por uno que era mío,

mi vaso de frescura, el panal de mi boca.

 

cal de mis huesos, dulce razón de la jornada,

gorjeo de mi oído, ceñidor de mi veste.

Me cuido hasta de aquellos en que no puse nada;

¡no tengas ojo torvo si te pido por éste!

 

Te digo que era bueno, te digo que tenía

el corazón entero a flor de pecho, que era

suave de índole, franco como la luz del día,

henchido de milagro como la primavera.

 

Me replicas, severo, que es de plegaria indigno

el que no untó de preces sus dos labios febriles,

y se fue aquella tarde sin esperar tu signo,

trazándose las sienes como vasos sutiles.

 

Pero yo, mi Señor, te arguyo que he tocado,

de la misma manera que el nardo de su frente,

todo su corazón dulce y atormentado

¡y tenía la seda del capullo naciente!

 

Cinco años transcurrieron desde la muerte de Romelio Ureta.

 

El Gran Primer Premio.

Si bien para Gabriela fue una desgracia irreparable el suicidio de Romelio Ureta, como una extraña paradoja de la vida, la raíz misma de este suceso impuso un cambio radical en su destino. Los famosos Juegos Florales de la Sociedad de Artistas y Escritores, celebrados en Santiago, le dieron uno de los premios más importantes del momento: Flor Natural, medalla de oro y corona de laurel. Era muy joven. Tenía sólo 25 años. Más tarde, un periodista del diario "La Crónica" de Lima dice: "Ella es alta, hermosa, seduce sólo con verla. Dosifica muy bien la sonrisa, siendo en extremo amena su charla, tanto por la nitidez y originalidad de sus conceptos como por el timbre amable de su voz. En sus ojos, de un verde pálido, casi parduzco, húmedos, brillantes, hay como una ligera sombra de melancolía, sombra que a veces se adensa, seguramente al golpe de un recuerdo. Sus ademanes son mesurados, armoniosos; da la sensación de una mujer hecha a la alta vida del espíritu desde el primer momento, así que la Naturaleza no ha sido avara con ella". Sin embargo, en aquella oportunidad Gabriela consideró no tener un traje adecuado para recibir personalmente su premio, por ese motivo asistió al Teatro Santiago esa noche del 22 de diciembre de 1914 como simple espectadora, sin atreverse a subir al escenario a recibir su premio.

"Formaban el jurado que dictaría el veredicto los poetas Miguel Luis Rocuant, Manuel Magallanes Moure y el crítico Armando Donoso. Logró Flor Natural con sus "Sonetos de la Muerte". Este fue su primer Gran Premio y el primer encuentro con quien sería el amor de su vida y con quien tuvo una intensa correspondencia epistolar durante diez años, de 1913 a 1922, lo que marcó para siempre el carácter apasionado de la poeta.

 

Su gran amor.

"Manuel: Fui sólo por oírlo" Esta frase de la carta enviada a Manuel Magallanes Moure después de recibir el premio por "Los Sonetos de la Muerte", ha sido la primera revelación de su incondicional amor por el poeta. Gabriela se enamoró perdidamente de este gran hombre de noble aspecto y alma profunda. En su carta del 24 de Diciembre de 1914, le manifiesta que su carta "la dejó sin voz, sin acción, hasta sin pensamiento." Ella misma se sorprende de la profundidad de su sentimiento. Le envía largas epístolas en las que reflexiona sobre su amargura, su inseguridad y su pena. Lo convierte en su más querido confidente. Le dice que tiene "malos días". Le manifiesta que ha enseñado desde los 15 años y ya está fatigada. Que quisiera tener un paréntesis de amor y de dicha, que le gustaría "cortar una rosa, para después de la jornada seguir aspirándola…"

En estas cartas de verdadero amor platónico y apasionado, le expresa que lo sufrirá todo: "el no verlo, el no oírlo, el no poder decirle"mío", porque suyo no podrá ser; (Manuel es casado) todo, menos que juegue con su corazón, el que le ha confiado con la buena fe de los niños.

En otra de sus numerosas cartas le expresa que tiene "sed de él…que sus cartas ardorosas no hacen en ella lo que sus cartas sufrientes…. ¡Como la de aquel día! El 20 de mayo de 1915, confidencia a Manuel aquel episodio relacionado con Romelio, su novia y la escena de pasión que le tocó ver aquella terrible noche desde los altos de la casa que habitaba. Manifiesta estar segura de que "no podrá sufrir jamás lo de aquella noche de pesadilla."

En la siguiente carta interroga y sufre por el silencio de Manuel. Ha ido durante cuatro días mañana y tarde al correo, no obstante no hay cartas para ella y cae en una profunda angustia.

Se creía fea. Cuando el escritor y poeta intenta un encuentro, le dice que" él no será capaz de querer a una mujer fea y que para ella, eso sería la amargura más grande de su vida." Termina con una apasionada despedida. Crece su amor y amarlo se convierte en una de las razones de su existencia. Era tal la expectación con que recibía las cartas de Manuel, que finalmente cuando llegaban, su emoción era tan grande que al responder le cuenta que "la empezó a leer en un estado indescriptible, sus manos se sacudían como las de un epiléptico… que no podía ni tener el papel, ni leer, porque los ojos no veían…" Tuvo que serenarse y guardar la carta unos momentos. Era una mujer enamorada. Lo amaba intensamente y se lo decía en claras palabras.

Cuando, posiblemente, bajó la intensidad y la frecuencia de sus respuestas, ella manifiesta que "nunca se arrepentirá de que él haya pasado por su vida."

Desde 1918 a 1920, la correspondencia se interrumpe. El poeta tuvo otros amores de los que Gabriela sabe. Dice Jorge Edwards: "Es prolífico, musical, convencional, visiblemente vanidoso en materia de conquistas femeninas. Recibe cartas de amor ferviente de Gabriela…pero no parece darles mucha importancia. En cambio, hay una mujer interesante, de fuerte personalidad, de apellido Hubner, que pasa a buscarlo con frecuencia…El poeta encandilado, sale y regresa muy tarde…" La poeta suele enrostrarle sus veleidades cuando él renueva la correspondencia. Sin embargo, empujada por su inamovible amor le expresa que "no piensa que él sea un burlador de mujeres, sino el conmovido de cada hora, un paisajista de las almas, amándolas a todas, gozando de cada una, eternamente entregado y eternamente libre…"

Con fecha 22 de Agosto de 1921, en la última carta conocida, Gabriela le envió adjunto el poema que comienza "Él pasó con otra…"

Manuel Magallanes Moure nació en noviembre de 1878. Era el menor de los hijos de don Valentín Magallanes, abogado y poeta y de doña Elena Moure. A la edad de cuatro años falleció su padre y al llegar a los diecinueve murió su madre. Estudió en el Instituto Nacional y luego en la Escuela de Bellas Artes. Fue además dibujante y talentoso pintor. En 1903 contrajo matrimonio con su prima Amalia Vila Magallanes.

Zarpó a Europa el año 1921. Desde 1921 a 1922 recorrió Francia, Italia, España y Alemania. Dos años después, falleció de un ataque de angina, el 19 de Enero de 1924 en Santiago, a los cuarenta y cinco años de edad."

Analizando la actitud de Gabriela relativa a la constante reacción que mantuvo con los hombres que amó, nos parece que "por algún recóndito motivo", ya fuera su complejo de creerse "fea", sin serlo, o bien por algún suceso ignorado por nosotros en su infancia o adolescencia, era incapaz de entregarse físicamente a otro. En cierta carta a Magallanes dice: "Verdad es, Manuel, tengo de la unión física de los seres, imágenes brutales que me la hacen aborrecible…" Como contrapunto, siendo ya una mujer adulta, espiritualmente se entregaba con todo su ser.

Tal vez, la clave está en la explicación que nos entrega Volodia Teitelboim en su obra "Gabriela Mistral, Pública y Secreta". Nos dice: "¿De dónde nace el horror al contacto carnal? Ella lo ocultó como el secreto de sus secretos, bajo siete cerrojos, y la marcó para siempre. No obstante, en esa guerra de amor y miedo que fue su relación con Manuel, ante el reclamo, la presión y el atónito desconcierto del hombre que no entiende por qué se niega a consumar la relación amorosa, ella desliza una alusión que es como un orificio en el muro, para mirar al otro lado del secreto inconfesable.

El amante frustrado mira por ese pequeño agujero en el muro ciego. Insiste, inquiere, reclama, exige, quiere saber por qué. La acorrala a preguntas. Por fin ella, en pocas palabras, le confiesa que arrastra desde su niñez cierto trauma producido por un hecho brutal. Un mocetón que iba a su casa la violó cuando ella tenía siete años."

Esto la desgarró para siempre. Se sintió profanada, rota, impura. Arrastró el hecho toda la vida. Nunca se pudo reponer a la humillación indescriptible….

No obstante, ella sublimó aquella incapacidad con su maravilloso genio creativo y aquello la llevó a las más altas cumbres literarias.

 

Encuentro con Neruda.

En Temuco, en 1920, Gabriela se encontró con el joven poeta Pablo Neruda, conocido aún como Neftalí Reyes, quien dirá más tarde, en su libro de memorias "Confieso que he vivido": "Por ese tiempo llegó a Temuco una señora alta, con vestidos muy largos y zapatos de taco bajo. Era la nueva directora del liceo de niñas. Venía de nuestra ciudad austral, de las nieves de Magallanes. Se llamaba Gabriela Mistral (…) La vi muy pocas veces. Lo bastante para que cada vez saliera con algunos libros que me regalaba. Eran siempre novelas rusas que ella consideraba como lo más extraordinario de la literatura mundial. Puedo decir que Gabriela me embarcó en esa seria y terrible visión de los novelistas rusos y que Tolstoi, Dostoievski, Chejov... entraron en mi más profunda predilección. Siguen acompañándome."

Invitación a México.

En 1921 fue destinada a Santiago para dirigir el Liceo Nº 6 de Niñas. El año siguiente el Instituto "Las Españas" de Nueva York por iniciativa de Federico de Onis, su director, publicó "Desolación" y el mismo año fue invitada a México por el Ministro de Educación, José Vasconcelos, para colaborar en la Reforma Educacional de ese país.

Conceptos de Don José Vasconcelos, Ministro de Educación de México acerca de Gabriela Mistral. ". (De la carta que a nombre del Gobierno de México le hace la invitación para viajar a ese país. 1922.)

"En México ninguna mujer es más querida y admirada que usted…

Usted es un resplandor vivo que descubre a las almas sus secretos y a los pueblos sus destinos Así, no la concebimos como una gloria de cenáculo sino como una presencia que borra todo recuerdo extraño…

"Si yo siguiera diciéndole todo lo que México siente y todo lo que espera de usted, no terminaría nunca. Usted misma va a mirar muchas cosas que tal vez nosotros no hemos visto y usted no se sentirá cohibida para decirnos su pensamiento, porque por encima de sus sentimientos, de su cortesía, están sus deberes de maestra que dice la verdad conforme a su limpio corazón."

La gran duda.

En 1924 realizó su primer viaje a Europa, visitando Italia, Francia y España.

La historia oficial cuenta que el padre de Gabriela, Jerónimo Godoy, tuvo también otro hijo: Carlos Miguel Godoy, medio hermano de Gabriela. Estando éste en el norte de África, se enteró que la poeta estaba en Marsella. Según algunos especialistas, viajó para conocerla y juntos se trasladaron a Barcelona. Allí el hermano se habría enamorado de Marta Mendonza, (con "n") quien sería la madre biológica de Juan Miguel Godoy, llamado YinYin. Enferma de tuberculosis, murió al poco tiempo de dar a luz. Carlos Miguel, con el bebé de nueve meses, se lo entregó a Gabriela en Madrid en 1926, quien, lo recibió con el enorme amor maternal que guardaba dentro de sí. Gran ayuda en la crianza del niño fue su amiga Palma Guillén, quien, más tarde, viajó expresamente a Estados Unidos para brindarle apoyo en momentos difíciles. Durante gran parte de su vida, Palma Guillén fue una amiga fiel, que la ayudó a criar al niño. Doris Dana, amiga y secretaria de la poeta, expresó que Juan Miguel Godoy era hijo de Gabriela, sin embargo esta hipótesis, nunca salió de labios de ella y en el transcurso del tiempo nunca se ha podido dilucidar. Luis Vargas Saavedra, uno de los mayores estudiosos de Gabriela dice: "En tanto no aparezca una declaración de puño y letra por Gabriela Mistral reconociendo a Yin Yin como hijo suyo, lo más plausible es continuar creyendo en sus declaraciones escritas."

El niño se crió con Gabriela con un amor mutuo que nada parecía nublar. Cuando Gabriela fue nombrada Cónsul, para cumplir misiones diplomáticas en Brasil, se instaló en Petrópolis con el muchacho que había crecido junto a ella. Ya tenía 18 años. En ese lugar, después de vivir en Italia, Francia y España, Yin Yin se sentía un extraño. Según algunos expertos, nunca se acostumbró a vivir allí. Aunque se desconocen los motivos

reales que lo llevaron a tomar la determinación de acabar con su vida, se dice que fue un amor frustrado por una muchacha de origen alemán. Según la poeta fueron problemas con un grupo de muchachos de color. "Después de mi duelo he debido recoger los pedazos de mí misma…" cuenta Gabriela en una de sus cartas.

Sólo a través de su propia escritura atisbamos algo de ese dolor que la cubrió como un velo negro durante tantos años:

"Perdóname, hijito, perdóname todas mis lejanías y alejamientos. Perdónamelas en mérito de lo que te di siempre: mi amor anudado a tus pasos, mi pobre amor que ahora se tambalea y cae como una bandera sin mástil", le dice a Yin-Yin en sus "Oraciones".

Y agrega: "Todavía, Miguel, me valen, / como al que fue saqueado, /el voleo de tus voces, / las saetas de tus pasos / y unos cabellos quedados, / por lo que reste de tiempo/

y albee de eternidades".

 

Un sendero a la fama.

Durante el año 1918, Pedro Aguirre Cerda, entró en la vida de Gabriela Mistral. Siendo Ministro de Instrucción Pública, por medio de un decreto, nombró a Gabriela, Profesora de Castellano y Directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas. Su importante labor educativa la llevó luego a Temuco, donde fue requerida para mejorar el liceo de la región.

En aquella época fue incluida en la Antología de poetas chilenos Selva lírica, preparada por Julio Molina Núñez y Juan Agustín Araya. Poemas como "Los sonetos de la muerte", "La maestra rural" y "El ruego" fueron escogidos por los antologistas para celebrar la nueva voz poética que se alzaba esplendorosa.

El año 1924 realizó su primer viaje a Europa cuando se editó en Madrid su libro de poemas "Ternura". El año siguiente fue declarada "hija Predilecta de la ciudad de Vicuña. En 1925 regresó durante algún tiempo a Chile. Fue su primer regreso.

Según Alone: En febrero de 1925 el vapor la Oropesa arribó en Punta Arenas. No fue recibida por nadie, solo por el viento polar. El crítico Hernán Díaz Arrieta cuenta que Gabriela lo único que quería era ir a La Serena a ver a su madre. Más tarde partió hacia el Valle de Elqui. El 15 de septiembre Vicuña la declaró "Hija Predilecta", otorgándole la jubilación como profesora.

Antes fue agasajada en Brasil, Uruguay y Argentina. Visitó Estados Unidos y otros países de Europa. Al año siguiente estaba de vuelta en Latinoamérica y recorrió Brasil, Uruguay y Argentina. Durante los años siguientes se dedicó a viajar y dictar charlas.


Muere la madre.

Su madre Petronila Alcayaga murió en 1929, por lo cual Gabriela Mistral le dedicó la primera parte de su libro Tala. Fue enterrada en la Serena. Dice en "Muerte de mi madre": (Fragmento). "Ella se me volvió una larga y sombría posada; se me hizo un país en que viví cinco o siete años, país amado a causa de la muerta…"

En carta al diplomático chileno Alfonso Bulnes Calvo, le dice: "Ella era una especie de subsuelo mío, de donde me venía fuerza y no sé qué nobleza, esa nobleza de tener madre, que en la gente se conoce en cosas imperceptibles, pero ciertas. Me siento como las plantas de agua cuando se les corta el pobre péndulo y van y vienen. Y me siento desposeída de esta dignidad que da un arrimo de este tamaño, especie de vagabunda que no tiene más que el aire y la luz en este pobre mundo."

Hasta 1931 continuó viajando por América Latina, dictando conferencias sobre literatura chilena e hispanoamericana en distintas instituciones. También en Estados Unidos y en Francia.. Luego retornó a Chile donde hubo actos oficiales y populares en su honor.

En 1932 inició su carrera consular. Fue nombrada "Cónsul particular de libre elección" eligiendo Génova como primera destinación. En 1933 fue trasladada a Madrid, en remplazo de Víctor Domingo Silva. Más tarde a Lisboa, con el mismo cargo, de "Cónsul particular de libre elección".Durante los años siguientes viajó al Perú y a Cuba. Por tercera vez fue a Estados Unidos y se radicó durante dos meses en Florida.

En 1938 regresó por segunda vez a Chile, esta vez llegó antes a Buenos Aires, donde la editorial Sur de Victoria Ocampo había publicado su libro "Tala".

Al llegar a Chile, visitó Puerto Montt y Osorno. En todas partes recibía homenajes. En Valdivia, descansó algunos días. En el acto había salido a leer el joven profesor de matemáticas del Liceo: Nicanor Parra, donde Gabriela Mistral lo reconoció como un verdadero poeta.

En 1939 surgió la idea de algunos intelectuales latinoamericanos de presentar a Gabriela Mistral como candidata al premio Nobel. Encabezó la iniciativa la escritora ecuatoriana Adelaida Velasco Galdós.

 

 

 

El Premio Nobel.

El año 1941 fue trasladada a Petrópolis, Brasil, en calidad de Cónsul. Llevaba con ella a su amado "hijo" Juan Miguel Godoy. Después de cuatro años de residencia en Petrópolis, el 15 de noviembre de1945, recibió la sorprendente noticia: se le había otorgado el Premio Nobel de Literatura. Éste le fue entregado por el Rey Gustavo de Suecia: "Por su obra lírica, que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo hispanoamericano".

Dice Arturo Torres Riesco en la revista Orfeo: Fragmento:"Cuando el Ministro de Suecia en Brasil fue a comunicar a Gabriela Mistral que había sido agraciada con el Premio Nobel, ella exclamó: "Agradezco el honor que recibe la literatura hispanoamericana". Con estas palabras la poetisa chilena definía todo el significado de tan importante acontecimiento."

"En la existencia modesta y sencilla de Gabriela el valor monetario del Premio Nobel no significa nada. Pero para los escritores de nuestro continente este hecho histórico y cultural es de gran trascendencia. Nuestra literatura ha sido reconocida en Europa de la forma más efectiva que puede serlo….ahora tenemos un escritor que ha merecido el premio mundial más codiciado. …La crítica de Hispanoamérica justificará y aplaudirá la selección, porque Gabriela es,, en la suma de sus cualidades morales e intelectuales, la figura más alta de América. Su reputación es continental; su figura moral admirada desde Puerto Rico a la Argentina; su ejemplo, incalculable influencia entre nuevas generaciones." "Desolación", "Tala" y "Lagar" son las tres torres de su ciudad poética.

Torres humanamente barrocas… pero construidas en pedernal y diamante".

Sobre la conducta cívica de Gabriela, dice Torres Rioseco: "…No olvidemos que había nacido en un país de libertad y que le tocó vivir en una de las épocas más violentas de la historia. Desde su silencio enviaba palabras de consuelo a los oprimidos del mundo….Su silencio hirió la vanidad de los dictadores y nunca tuvo tratos con ellos."

Volodia Teitelboim, en su libro "Gabriela Mistral, pública y secreta" dice: "Gabriela nació campesina y pobre, abandonada por su padre, con dificultad para educarse. Por eso cuando obtuvo el Nobel de Literatura, la gente sencilla lo sintió como un trofeo propio. Era como el cuento de la Cenicienta a la que el rey pone el zapato de oro".

Premio Nacional de Literatura.

En Chile El Premio Nacional de Literatura se le otorgó seis años después, en 1951, cuando ejercía como Cónsul en Rapallo, Italia.

A los chilenos nunca se nos ha quitado la vergüenza, de no haber dado oportuno reconocimiento a nuestra laureada poetisa, reconocida anteriormente en múltiples países y habiendo ya recibido el Premio Nobel de manos del Rey de Suecia.

El gobierno chileno le fijó una pensión vitalicia. Fue nombrada Cónsul General de Chile en Nueva York y participó como Delegada de Chile en la Asamblea de las Naciones Unidas en 1953. En la Sesión Solemne celebrada en diciembre de 1955, pronunció un notable discurso relativo a los Derechos Humanos, diciendo al final de él:"Yo sería feliz si nuestro noble esfuerzo por obtener los Derechos Humanos fuese adoptado con toda lealtad por todas las naciones del mundo. Este triunfo será el mayor entre los alcanzados en nuestra época."

La tercera y última vez que regresó a Chile lo hizo desde Nueva York, en 1954, recibiendo todos los honores correspondientes a su condición de laureada literata, Cónsul y diplomática. Visitó Montegrande, su amado pueblo natal. En este tercer viaje publicó el libro "Lagar", única obra cuya primera edición fue editada en Chile ese mismo año.

El libro "Poemas de Chile", fue publicado en 1967, después de su muerte."

 

Fallecimiento.

Esta extraordinaria poeta nuestra, recibió homenajes y reconocimientos a su gran obra en diversas instituciones y países del mundo, Sus últimos años se radicó en Estados Unidos. Falleció en la madrugada del 10 de Enero de 1957 en el Hospital de Hempstead, en Nueva York. De acuerdo a sus deseos, fue trasladada y enterrada en Montegrande. Reposa ahora en la misma tierra que tanto amó. Los restos de su querido "hijo" Yin Yin, por instrucciones del Ministro de Cultura del momento, José Weinstein, fueron trasladados de Petrópolis el año 2005 y enterrado, en una solemne ceremonia, al lado suyo, donde se encuentran hasta el día de hoy, cumpliendo uno de los más fervientes deseos de la poeta.

"La muerte de Gabriela Mistral". Crónica de Pablo Neruda. (Revista "Orfeo").

Transcribimos la crónica de Pablo Neruda escrita con motivo del fallecimiento de la poeta:

"No creo que haya leído mucho ni entendido bastante la literatura que Gabriela creó, y que ahora deja al pueblo de Chile como señalado patrimonio y extraordinaria herencia. Hay que entrar con reposo y con ímpetu en su poesía, en su prosa tan rica y tan dura como quebradas rocosas de nuestro territorio, llenas de misteriosas maderas, sarmientos encrespados, visitación de pájaros.

Ella no olvidó jamás su origen, y su conversación alegre y silenciosa tenía gran sabor popular.

Pienso que el mejor monumento para nuestra gran escritora sería la dictación de la ley "Gabriela Mistral", de estímulo a los nuevos valores literarios y de respeto a la obra de los que como ella fijan para el mundo la dimensión verdadera, la profundidad y la altura de nuestra patria.

El corazón de Chile está enlutado.

Yo hago llegar el pésame al pueblo mismo de Chile, desde donde surgió la resplandeciente patricia desaparecida. A los niños que cantó y que siguen, como en su poema inmortal, con los pies descalzos; a los mineros y albañiles que poblaron con alfareros y tejedores su poesía. Y también mi pésame a la tierra de Chile, que guardará la inmóvil figura de quien cantó con sencillez y con grandeza los ríos y los árboles, el viento y el mar de la patria.

El viento, el mar, los árboles, todo lo que canta en nuestra tierra, cantarán al recibirla para siempre, el único coro digno de Gabriela Mistral."

Reminiscencias de Gabriela. Por Alone. Revista "Orfeo". (Fragmento).

"Alojaba en una pensión de calle Nataniel, una de esas casas anónimas, de sillas endebles, que se sujetan con dificultad al borde de la miseria, pero consiguen, a pesar de todo, retener cierta apariencia. La de ella sorprendía desde el primer momento por una casi misteriosa dignidad. En aquel medio sórdido, en esas mezquinas habitaciones donde respirar causaba angustia, Gabriela imponía no se sabe que aire como exótico de viajera disfrazada que baja inmóvil los ojos y no revela, pero está dejando adivinar su secreto. Ofrecía un asiento de bambú como sitial, y cruzaba sobre la falda unas finas manos señoriales. Ningún sello de profesión ni de clase; la habían vaciado en un molde para ella sola. La cabellera negra le ceñía, lisa, una cabeza armoniosa; toda ella expresaba una calma un poco triste, por momentos solemne; la risa, muy fresca, muy blanca, un tanto infantil, no llegaba, sin embargo, a interesar todo el rostro; en ella había siempre algo que no sonreía, que estaba meditando y ausente."

El alma de Gabriela a través de sus poemas. Revista "Orfeo". Fragmento.

Pensamiento de Francis de Miomandre (1880-1959).Novelista, poeta y ensayista

francés.

"Entre todos los seres a quienes se ama o se admira en el curso de su existencia, hay algunos particularmente excepcionales cuyo encuentro consideramos como un privilegio que nos acuerda el destino.

Las ocasiones ¡Ay, demasiado escasas! que tuve de verla. Sobre todo la primera vez al serle presentada no fue precisamente la cortesía mundana la que me hizo bajar la cabeza ante ella, no, sino la prodigiosa autoridad que emanaba de su persona y que se mezclaba Íntimamente con los efluvios de la evangélica bondad revelada por su sonrisa."

Un descubrimiento asombroso.

El 2007 se cumplieron cincuenta años de la muerte de nuestra poeta.

Doris Dana, su amiga norteamericana, quien conoció a Gabriela en 1946, acompañó a la poetisa en los diez últimos años de su vida, durante los cuales también llegaron a cultivar una gran amistad. Así, Dana se convirtió en protectora de la obra de la escritora chilena, guardando gran cantidad de sus escritos inéditos en la Biblioteca de Washington, pues pensaba que en Chile no estarían seguros. No obstante, como una sorpresa del destino, después de su muerte, Doris Atkinson, su sobrina, albacea de sus obras, decidió donar al gobierno de Chile, los poemas y trabajos inéditos de Gabriela, guardados celosamente durante casi medio siglo. Más de 100 cajas con manuscritos inéditos, cartas, libros y fotografías de la escritora, fueron encontradas en la casa de Gabriela en Estados Unidos. Joyas, marcos, cartas y un sinnúmero de fotografías que fueron ordenadas por Doris Dana a partir de 1948, son testigos de episodios desconocidos de la vida de la poeta. Se encontró además una cajita conteniendo "tierra de Elqui". Encargado de recibir aquel tesoro fue el investigador y experto en Mistral, Luis Vargas Saavedra.

En 1971 se creó en Vicuña el Museo Gabriela Mistral. El Museo tiene como misión rescatar y conservar los testimonios de Gabriela Mistral dispersos por el mundo y en torno a este legado investigar y difundir los fundamentos literarios, éticos, espirituales, históricos y sociales de la obra mistraliana y a través de programas atractivos acercar a Gabriela elquina y vicuñense a su comunidad y a los visitantes.

Se está develando una nueva faceta de Gabriela, y se están descubriendo otros rincones de su vida y de su creación.

Aniversario.

El año 2007 se cumplieron cincuenta años desde el fallecimiento de Gabriela Mistral. Se evocó el aniversario de su muerte con múltiples homenajes y manifestaciones en su honor. En Chile y en diversos países se efectuaron conferencias, actos, lectura de textos, bailes típicos o canciones, recordando a la gran poetisa. Especialmente en Vicuña, donde se ha instalado el Museo que lleva su nombre, se efectuó un acto solemne en la Plaza de Armas.

Epistolario.

Estábamos a punto de terminar nuestra Breve Crónica, cuando fue publicado el libro "La niña errante", cartas de Gabriela Mistral a Doris Dana desde 1948 a 1956.

Después leer el epistolario del mencionado libro nos sentimos más cerca de Gabriela Mistral, no como poeta, sino como ser humano, con las dificultades materiales y problemas inherentes a cualquiera de nosotros.

Sorprende observar a través de sus cartas, cómo un personaje de su envergadura intelectual, se encuentra dominada por un sentimiento arrollador hacia Doris Dana. Prácticamente, todo su epistolario está dedicado al bienestar tanto material como psíquico de su amiga. Preocuparse desde su cercanía, situación económica, hasta de su vestimenta y habitat, (soñaba en vivir con ella en una casa con huerto), se convierten en su verdadera obsesión. No cesa de proteger económicamente a Miss Dana, dondequiera se encuentre. Por otra parte, según lo observado en la mencionada correspondencia, esta última, sujeto de tantas preocupaciones de su protectora, apenas contesta sus cartas, evita en lo posible viajar en su compañía y con frecuencia desaparece de su entorno de tal modo que constantemente se hace difícil a la poeta saber dónde enviar su correspondencia. El estudioso Luis Vargas Saavedra atribuye este sentimiento a la soledad y achaques de la poeta en su vejez. Nosotros pensamos que eligió un modo de amar y sufrir que la hizo sentir viva durante los últimos años de su vida. Gabriela encontró en su amiga la inevitable alegría de amar a alguien sin reservas, como lo expresa en un fragmento de sus cartas:

"Procuro cuidarme para ti. Yo no tengo razón de vivir. Cuando llegaste, yo no tenía nada… Todo lo has mudado tú…"

El alma humana es compleja, con mayor razón la de una artista con la sensibilidad profunda de Gabriela. Tal vez la sincera exposición de sus sentimientos de amor desesperado en estas cartas ha llegado para complementar en forma providencial la finalidad última de nuestra investigación: entender en plenitud el mundo interior de una mujer que sufrió sorpresivos y duros golpes en su existencia y que, sin embargo, tuvo el valor, hasta su muerte, de continuar con su maravillosa labor de poeta de talla mundial.

Poemas inéditos.

Terminamos esta Breve Crónica con tres poemas inéditos descubiertos en Nueva York, gracias a Doris Atkinson, cuya edición y compilación fue realizada el año 2008, en selectos ejemplares, bajo el título "Almácigo", por Don Luis Vargas Saavedra, uno de los máximos estudiosos de la obra de Gabriela Mistral,

Junto a una fuente. 22, Agosto, 1919.

Junto a una fuente de agua estremecida

y esbelto surtidor nos detuvimos

y el corazón más fuerte lo sentimos

que el fulgor del cristal en la caída.

 

En un remanso el agua viva unía

por un juego de luz nuestras cabezas,

y era una quemadura la terneza

y el callar parecía una agonía.

 

Y cuando tú me hablaste la blancura

De una muerte subió hasta mi semblante

Y rompí en llanto como de locura.

 

¡Porque tú me dijiste que me amabas

junto a los surtidores de una fuente

que como un pecho se despedazaba!

El sueño. 1926.

Como una leche densa va el sueño por mis venas.

Mi frente cae en una gran alga amodorrada

Y cada sien es como una esponja pesada.

Mi cuerpo no conoce más dueño que este dueño.

 

Como si nunca hubiera subido las pendientes

Con las cabras vivaces, como si nunca hubiera

Quebrado el impetuoso cerezo en primavera,

Ni trenzado la danza con tobillos ardientes.

 

Si desciende la cobra en mis oídos juega

Su lengua sonrosada de madreselva abierta,

Lame el oído absorto como la concha muerta

Y perderá mi alma el mensaje que entrega.

 

Y perderé, si cae el glaciar suspendido

Sobre mí, como un párpado, su blanco vencimiento,

Que, como Sarah, soy blancura, y sal, y olvido.

 

La lluvia. (No trae fecha.)

La nube oscura, la heroica nube

cubre la aldea y el labrantío.

Ya no hay sierra, ya no hay torres,

apenas yo y el hijo mío.

 

Llueve el agua generosa,

más que este mundo blanquecino,

y perdidos en el chubasco,

yo tapando al hijo mío.

 

Tiene el campo y tiene el mundo

Dios en su brazo cogido,

y así los besa, así los llora

de que Dios es viejo y niño.

 

Oye llorar a Dios abuelo,

con un llanto así cansino,

que nosotros no lloramos

así tan dulce e infinito.